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Viernes, 25 de Julio de 2008, 12:01hs

Fuente: Terra México

Economía

Viejas minas mexicanas atraen a inversionistas extranjeros

CERRO DE SAN PEDRO, México, Julio 25-. Los costos de las exploraciones en busca de metales preciosos son tan altos que muchas compañías de todo el mundo están ensayando una fórmula más económica e invirtiendo en viejos poblados mineros mexicanos, donde las nuevas técnicas les permiten explotar depósitos abandonados hace tiempo.

Los equipos y las técnicas modernas, sin embargo, podrían hacer peligrar los pintorescos pueblos construidos sobre los depósitos, comprometiendo edificios construidos hace cientos de años y sitios que los mexicanos querrían preservar como monumentos históricos de atractivo turístico.

La mayoría de las minas fueron cerradas en las décadas de 1920 y 1930 debido a la agitación laboral, la violencia, los bajos precios de los metales y el desdén hacia los extranjeros. Pero ahora que los precios han subido tanto, vuelven a ser negocio.

Y la minería, una inversión rápida que genera muchos empleos, generalmente sale ganando cuando termina enfrentada con el turismo.

Es una situación ideal para pueblos que están olvidados desde hace décadas.

La inversión extranjera en minas de metales preciosos aumentó de manera astronómica, de los 800.000 dólares del año 2000 a los 695 millones del 2007.

Mientras que en el pasado se empleaban rudimentarios conocimientos geológicos, picos y hachas para extraer minerales ricos en plata y oro, las compañías modernas usan computadoras y camiones con equipo avanzado para detectar y procesar montañas con concentraciones bajas de mineral.

Se abren las entrañas de las rocas y se usan soluciones de cianuro para extraer las pequeñas partículas de los metales preciosos.

Esos adelantos, combinados con precios que van de los 950 dólares la onza de oro a los 18 dólares por la onza de plata, hacen que aumente el interés en ciudades como El Cerro de San Pedro, fundada en 1592 y en la que hay iglesias, casas y pozos de minas construidos en algunos casos hace 400 años.

La firma canadiense Metallica Resources, nueva propietaria de New Gold, opera una mina a cielo abierto que se devoró un extremo del pueblo y está carcomiendo una colina que se encuentra a pocos metros de la plaza principal.

El director de New Gold Robert Gallagher, cuya firma espera ganar unos 300 millones de dólares en los 12 años en que podrá explotar la mina de San Pedro, dice que "este proyecto sería algo muy marginal si el oro estuviese a 300 dólares".

"Lo importante en los proyectos de exploración y desarrollo ahora es el riesgo que representa la exploración", señaló Gallagher. Los inversionistas son cada vez más renuentes a iniciar excavaciones en las que tal vez no se encuentre nada, en parte por el alza en los precios de combustibles, del equipo y de la mano de obra, que hacen que el costo de la exploración haya subido mucho.

"Lo interesante de estas minas viejas es que sus operadores documentaron todo meticulosamente y esos documentos han sido preservados, de modo que buena parte de la exploración ya se hizo y los riesgos son mucho menores", acotó. "Además, en los viejos pueblos mineros generalmente hay una cultura de minería. La gente sabe lo que estamos haciendo".

Es por ello más fácil encontrar trabajadores con experiencia en minas y también resulta más factible que la municipalidad apruebe el proyecto.

Algunos residentes de San Pedro, no obstante, prefieren explotar el turismo y no ven con buenos ojos la mina.

Rafael Flores tiene un restaurante que vive de la gente que viene los fines de semana para correr, andar en bicicleta, caminar y visitar el poblado antiguo. Dice que "si convertimos a este lugar en un sitio turístico, tendremos mejores trabajos y todos saldremos ganando, no solo los pocos que consiguen empleo en la mina".

Mientras Flores habla, llegan unos adolescentes de la vecina ciudad de San Luis Potosí que quieren ver el túnel de una mina que son hoy parte de la propiedad donde Flores tiene su casa.

Quienes no pueden vivir el turismo, apoyan a la mina, cuyos empleados ganan entre 20 y 30 dólares diarios, cifras astronómicas en este pueblo.

Bernardino Solís, un empleado municipal de 73 años, opina que la empresa minera "es un tesoro para nosotros los pobres", pues empleó a mucha gente.

Desde el cierre de las minas, la gente de la zona trató de extraer minerales por su cuenta. Muchos se marcharon.

La compañía que opera la mina dice que restauró dos iglesias y prometió no tocar sitios históricos. Pero hay quienes se quejan de que demolió una vivienda del siglo 18.

Los bulldozers con frecuencia se topan con viejos túneles y galerías de las minas, los cuales son destruidos.

En Real de Catorce, otro pueblo minero cercano, Normabec Mining Resources está haciendo excavaciones preliminares y dice que podría comenzar a extraer minerales en un par de años.

Normabec dijo en un reciente comunicado que sigue un modelo empresarial "que se propone desarrollar propiedades ubicadas en, o cerca de, campos mineros conocidos".

Las garantías que ofrecen estos sitios hacen que resulte más fácil atraer inversionistas en una época de inestabilidad del mercado. Las posibilidades de hallar algo cuando uno inicia una exploración de cero son casi nulas.

En México, Perú y Bolivia, que aportaron buena parte de la riqueza mineral que tuvo España entre 1520 y 1820, se resisten a veces a explotar las viejas minas. Cuando el gobierno boliviano propuso explotar por demolición el legendario Cerro de Potosí en la década de 1990, la idea fue rechazada tras una campaña lanzada por sectores que querían preservar la mina como un monumento nacional.

También ha habido mucha resistencia en México, particularmente en el sector minero de Huizopa, en el estado norteño de Chihuahua. El pueblo será borrado del mapa por una moderna mina operada por la firma canadiense Minefinders.

Huizopa fue fundado a fines del 1800 y la mina es una de las pocas cosas que sobreviven de esa época.

Minefinders construyó nuevas viviendas cerca de la mina y muchos residentes del pueblo se instalaron en ellas. Pero otros se niegan a irse y en mayo bloquearon la entrada a la mina.

La empresa le dio al pueblo 39 millones de dólares, o 170.000 dólares por familia, por el derecho a explotar la tierra. Los residentes, no obstante, dicen que el cianuro que se filtra de los túneles acabará no solo con sus viviendas sino con su estilo de vida, y piden más dinero.

Un residente de Huizopa, Luis Peña, afirmó que no se podrá criar ganado, una de las actividades básicas de la zona desde que cerró la vieja mina en los años 20.

"La tierra donde se encuentra la mina no podrá volver a ser usada para la ganadería", sostuvo.

Copyright 2008 The Associated Press.



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